Carlos López diciembre 16, 2019

La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) confirma que las emisiones de carbono por pasajero han descendido más del 50% desde 1990. La IATA atribuye este resultado en buena medida a la mejora de la eficiencia de combustible de la industria en un 2,3% anual desde 2009  0,8 puntos porcentuales más respecto al objetivo inicial, una eficiencia que la industria ha conseguido gracias a la inversión en aviones y operaciones más eficientes.

“Reducir a la mitad las emisiones por pasajero es un logro asombroso fruto de la experiencia tecnológica y la innovación en la industria de la aviación. Pero nuestra ambición es aún mayor. A partir de 2020 limitaremos las emisiones netas. Y para 2050 reduciremos las emisiones a la mitad de los niveles de 2005. Alcanzar estos objetivos exige una inversión continua en nuevas tecnologías, combustibles sostenibles y mejoras operacionales”, dijo Alexandre de Juniac, consejero delegado de la IATA.

Las aerolíneas invierten alrededor de un billón de dólares anuales en nuevas aeronaves desde 2009 y han firmado acuerdos de compra anticipada de combustible de aviación sostenible (SAF) por un valor aproximado de 6.000 millones de dólares. Además, la aplicación del Plan de reducción y compensación de carbono para la aviación internacional (CORSIA) garantizará un crecimiento neutro en carbono en los vuelos internacionales a partir de 2020 y recaudará alrededor de 40.000 millones de dólares que irán destinados a la financiación de iniciativas para la reducción de emisiones.

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Otras medidas alternativas: ineficaces para reducir el carbono

 

En su análisis, IATA demuestra la ineficacia de medidas como los impuestos punitivos, que tratan de reducir deliberadamente los viajes aéreos y que en ningún caso están logrando reducir el carbono de forma eficaz. La efectividad del CORSIA reside en su alcance global. Se estima que reducirá las emisiones en cerca de 2.500 millones de toneladas durante su vigencia. Pero la buena voluntad para implementar CORSIA está siendo menoscabada por los Gobiernos y su mosaico de impuestos al carbono. En los últimos meses algunos Gobiernos —entre los que se encuentran Francia, Alemania, los Países Bajos y Suiza—han tomado una serie de decisiones o propuestas dirigidas a
recaudar impuestos de los pasajeros aéreos.

“Los impuestos destinados a evitar que las personas ejerzan su libertad para volar conseguirán que viajar sea más costoso, pero no servirán de mucho para reducir las emisiones. Aplicar impuestos para tal fin solo es una solución política para “cubrir el expediente” y evitar asumir la responsabilidad del impacto negativo que tiene en la economía o en la movilidad de las personas con ingresos más bajos”, dijo De Juniac.

La aviación tiene puesto el punto de mira en reducir las emisiones con tecnología más limpia, lo que exige un esfuerzo a largo plazo y una industria con una capacidad financiera sólida para financiar las inversiones necesarias que garanticen una aviación sostenible.

“Los gobiernos deben saber dónde ponen sus esfuerzos. Volar impulsa la prosperidad. No es un enemigo. La reducción de emisiones debe ser una prioridad. Y necesitamos que los Gobiernos cojan el timón para incentivar la comercialización de combustibles de aviación sostenibles, impulsar la eficiencia en la gestión del tráfico aéreo y apoyar la investigación y el desarrollo de fuentes de energía bajas en carbono”, dijo De Juniac

Fuente: iata.org

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