Carlos López septiembre 18, 2011

D. VÁZQUEZ NIGRÁN En 1911, el piloto de Cuntis José Piñeiro tomó por primera vez los mandos de un avión para realizar, sobre el río Lérez, el primer vuelo en Galicia; ayer, medio centenar de especialistas hicieron aterrizar sus aparatos sobre el arenal de Panxón en conmemoración de aquella gesta.
Participaron en la quinta concentración aeronáutica del Club Meteoro de Ultraligeros, un encuentro que también sirvió para disputar el campeonato gallego de esta especialidad, el único que se ha disputado hasta el momento en Europa en una playa. Antes, actuaron como “teloneros” tres pilotos en paramotor, que arrancaron los primeros aplausos y consiguieron que el público alzase ya la vista hacia las alturas en preparación para asistir al espectáculo central de la jornada.
Desde las diez y media de la mañana y hasta cerca de las tres de la tarde, los pilotos, de Galicia, Madrid y Portugal, aprovecharon la marea baja para dejar boquiabierto al público con su pericia en las distintas pruebas, sobre todo la de aterrizaje de precisión, en la que debían tomar tierra en una zona de 100 metros acotada en el arenal.
Además de lo emocionante de la competición, lo que llamó la atención de los asistentes fue sobre todo la réplica del avión Pietempol Air Camper, un clásico de la aviación datado en 1929 que “en su época se construía con madera recuperada de las cajas de fruta”, explicó Sergio Fernández, miembro de la organización.
También acudieron a la concentración aeronáutica para deslumbrar al público tres autogiros, como el que Juan de la Cierva logró hacer volar a finales de la década de los años 20 del siglo pasado.
Exposición fotográfica
Además, el paseo de Panxón acogió la muestra de fotografías “100 años de aviación en Galicia”, que, integrada por más de 30 instantáneas, permitió a los visitantes realizar un recorrido por los primeros años de desarrollo de la aviación en Galicia, que José Piñeiro inauguró en 1911.
Entre las imágenes, una llamó particularmente la atención de los miñoranos, puesto que recogía el momento en que Joaquín Loriga posaba su avión en Panxón en 1927. “La playa es una pista de aterrizaje natural que, como se puede comprobar, ya se conocía y utilizaba hace muchos años”, apuntó en este sentido Sergio Fernández.

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