Carlos López septiembre 26, 2011

Lograr lo imposible forma parte de la historia aeronáutica

Antes de los hermanos Wright, muy pocas personas creían que el vuelo a motor era posible. Este espíritu de innovación se ha mantenido hasta nuestros días y es el motor de la respuesta del sector a sus retos medioambientales. Algunos ejemplos:

• En los últimos 40 años, las aeronaves han reducido su consumo de carburante en un 70%.

• La aviación ha logrado que el crecimiento de sus emisiones no sea proporcional al crecimiento de su actividad. El tráfico aéreo crece a un ritmo del 5% anual; sin embargo, sus emisiones de CO2 crecen a razón del 3%.

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• Los aparatos de última generación, el Airbus A380 y el Boeing B787, consumen en promedio menos de tres litros de combustible por pasajero por cada 100 kilómetros (equivalente a 67 millas por pasajero por galón americano). Se trata de una economía de consumo superior a la de un automóvil compacto, pese a que los aviones recorren distancias muy superiores a mucha mayor velocidad.
Hoy día los ingenieros e investigadores alcanzan mejoras graduales y frecuentes que, sumadas, suponen grandes ahorros. Por ejemplo, los nuevos “winglets” que las compañías aéreas y los fabricantes están instalando en algunos aparatos mejoran el rendimiento aerodinámico y reducen el consumo de carburante.

Los fabricantes trabajan cada vez más con materiales ligeros, como los materiales compuestos de carbono en la construcción de aeronaves y componentes.

Tanto el Boeing 787 como el Airbus A380 emplean los materiales y las tecnologías más avanzadas para conseguir mejoras excepcionales de su rendimiento medioambiental

Asimismo, el sector desarrolla y prueba combustibles alternativos. Una de las opciones es mezclar biocombustibles con el carburante convencional para reactores. La asociación de compañías aéreas IATA ha establecido para sus miembros el objetivo de utilizar un 10% de carburantes alternativos para 2017. Además de las ya enumeradas, el sector está introduciendo muchas otras mejoras, sobre las que le informamos en estas páginas.

El sector sigue trabajando para conseguir desarrollos “imposibles” que han caracterizado el vuelo desde sus comienzos.

El uso de carburante producido a partir de algas o incluso del hidrógeno o de laenergía solar en la generación parcial de empuje y energía de los aviones daría lugar a una innovación revolucionaria. Pues bien, ya se están llevando a cabo experimentos que demuestran que ello es factible. Aún es muy pronto para saber cuál de estas líneas de investigación conducirá a soluciones viables, pero el sector del transporte aéreo está plenamente comprometido a respaldar la innovación tecnológica más avanzada.

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