Carlos López mayo 31, 2018

Una queja muy común después de un viaje en avión es que alguien nos contagió de gripe durante el vuelo. Algunas investigaciones han mostrado que los viajeros aéreos sufren de tasas más altas de infecciones. Un estudio sugirió que el riesgo de contagiarse de un resfrío aumenta en 20% y la temporada de fin de año, en particular, es propicia para la transferencia de gérmenes, ante el aumento del volumen de pasajeros.

Con frecuencia se apunta al aire que recircula dentro de la cabina como el responsable. Pero estudios han demostrado que los filtros de aire de alta eficiencia (HEPA, por sus siglas en inglés) instalados en la mayoría de las aeronaves actuales pueden capturar hasta 99,97% de las partículas bacterianas y virales. De todos modos, cuando se apaga la circulación del aire, lo que algunas veces pasa durante largas esperas en tierra o por períodos cortos cuando los pasajeros están abordando o saliendo del avión, las infecciones se pueden propagar de manera descontrolada.

Un famoso estudio de 1979 encontró que 72% de los 54 pasajeros de un avión que permaneció parado con sus motores apagados y sin circular aire durante tres horas se enfermaron al cabo de dos días. La variedad de la gripe que sufrieron los viajeros fue rastreada a un pasajero. Por esa razón, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) emitió una advertencia en 2003 a las aerolíneas diciendo que los pasajeros deberían ser sacados de un avión en un lapso de 30 minutos si el aire no está circulando. El problema es que el cumplimiento de esta advertencia no es obligatorio.

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Zonas de contagio

Buena parte del riesgo se genera en las bocas, narices y manos de los pasajeros que están sentados cerca. La zona de peligro de contagio se expande en un radio de dos sillas a su costado, espalda o frente, de acuerdo con un estudio en julio del Emerging Infectious Diseases, una publicación de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU.

Algunos factores aumentan las probabilidades de aterrizar con una tos o una gripe de recuerdo. El ambiente a 10.000 metros de altura facilita el contagio de enfermedades. Para empezar, el aire en los aviones es extremadamente seco y los virus suelen prosperar en condiciones de baja humedad. Cuando las membranas mucosas se secan, son mucho menos efectivas en el bloqueo de infecciones. Cuando está a una mayor altitud, el cuerpo se cansa y la fatiga aumenta la susceptibilidad a un resfriado.

Igualmente, los virus y las bacterias pueden sobrevivir por horas sobre algunas superficies. Se ha encontrado que algunas partículas virales son activas incluso después de un día. Las bandejas de comida y los bolsillos en los espaldares de los asientos (que muchas veces son el depósito de pañuelos usados, servilletas y basura) pueden ser particularmente contaminantes. También es difícil saber qué clase de gérmenes merodean en las almohadas y cobijas de las aerolíneas.

Aunque investigaciones han mostrado la facilidad con la que una enfermedad puede propagarse (la gripe H1N1 en 2009 y el síndrome respiratorio agudo severo, SRAS, en 2003, son los mejores ejemplos), otros estudios han concluido que el riesgo percibido para los viajeros es mayor al riesgo real. Además, la mayoría de la gente que se sienta junto a alguien enfermo, probablemente no se contagiará. De todos modos, existen algunas precauciones básicas que los pasajeros pueden tomar para mantener a raya los virus.

Hidratación: beber agua y mantener los pasajes nasales húmedos con un espray salino pueden reducir los riesgos de infección.

Manos limpias: aplique gel desinfectante con alcohol con frecuencia. A menudo nos autoinfectamos al tocar con las manos bocas, narices u ojos que han estado en contacto con otras superficies.

Paños desinfectantes: use uno para limpiar la bandeja de comer antes de usarla

Bolsillos del espaldar: simplemente evítelos.

Ventilación: abra la rejilla de ventilación y ubíquela de modo que el aire pase en frente de su cara. El aire filtrado del avión puede desviar partículas contaminadas lejos de usted.

Asientos: si quedó sentado cerca a alguien que tose, estornuda o parece que tiene fiebre, cámbiese de asiento. Esto puede no ser posible en vuelos llenos, pero vale la pena intentarlo. Un estornudo puede producir hasta 30.000 gotas que pueden ser propulsadas hasta dos metros de distancia.

Circulación: quéjese con la tripulación si la circulación de aire es suspendida por un período extendido de tiempo.

Almohadas y cobijas: evítelas, si es que se las dan.

“Si toma las precauciones apropiadas, no debería tener problema”, dijo el doctor Mark Gendreau, del Centro Médico Lahey, de Boston. “En la mayoría de los casos, nuestro sistema inmunológico hace lo que está diseñado a hacer: protegernos de las infecciones”.

Peligros escondidos

¿Cree que el avión es malo? Los puntos de seguridad albergan un montón de peligro también, dicen investigadores.

La gente es apilada en filas, donde abundan los tosidos y los estornudos. Los zapatos y otras pertenencias deben ser puestos en recipientes de plástico que usualmente no son limpiados después de cada uso.

Un panel de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. lleva seis meses de un estudio planeado a dos años que toma muestras de áreas de aeropuertos para intentar determinar dónde están las oportunidades de infección.

Los aeropuertos y las aerolíneas, que sufren por estos días de recursos limitados, han pedido a los investigadores que ayuden a hallar la mejor forma de focalizar la prevención, dijo el doctor Gendreau, que forma parte del panel.

Los quioscos de facturación y las áreas de equipaje son los sospechosos principales, además de las filas de seguridad, dijo el médico.

Fuente: The Wall Street Journal.

 

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