Carlos López marzo 26, 2012

Ante el alza de los precios del petróleo, los principales constructores aeronáuticos del mundo unen sus esfuerzos en la búsqueda de un biocarburante rentable.

Los tres primeros de ellos, el europeo Airbus, el estadounidense Boeing y el brasileño Embraer –encarnizados competidores– se han unido para promover las investigaciones.

“Hay un tiempo para la competencia, y un tiempo para la cooperación”, declaró Jim Albaugh, presidente de Boeing. “Dos de las principales amenazas que penden sobre nuestra industria son el precio del petróleo y el impacto del transporte aéreo en nuestro medio ambiente”, aseguró.

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En diez años, el tráfico aéreo aumentó un 45% pero el consumo solamente un 3%, subraya Tom Enders, presidente de Airbus. Pero no por ello el consumo de carburante sigue creciendo, y con él las nocivas emisiones de gas carbónico para el medio ambiente.

Los carburantes segregan en la atmósfera un C02 soterrado en nuestro planeta desde hace milenios. En cambio, los biocarburantes devuelven a la atmósfera el CO2 que las plantas o las algas –de donde son extraídos– han captado.

Los investigadores han superado prácticamente todos los obstáculos tecnológicos. Pero aún subsisten los desafíos económicos.

Los bioquerosenos ya existen. Las compañías aéreas han efectuado ya centenares de vuelos con mezclas de carburante biológico y combustible fósil.

A principios de marzo, la aerolínea chilena LAN –en fase de fusión con la brasileña Tam para formar la mayor línea aérea de América Latina, LATAM– realizó con éxito su primer vuelo comercial con biocombustible fabricado con residuos de aceite vegetal refinado.

El vuelo, entre las ciudades de Santiago y Concepción, cubrió una distancia de 500 km y se realizó en un avión Airbus A320, con motores CFM56-5B.

En julio de 2011, la empresa mexicana Interjet ya había realizado con éxito el que es considerado el primer vuelo con biocombustible en Latinoamérica, cubriendo la ruta Ciudad de México-Tuxtla Gutiérrez, capital del sureño estado de Chiapas.

El problema es que el biocombustible es 10 veces más caro que el queroseno y que, para pasar a escala industrial, es necesario disponer de la materia prima orgánica.

“El verdadero desafío número uno de los biocarburantes es la producción de biomasa en condiciones duraderas”, afirma Philippe Novelli, del centro francés de investigación aeroespacial, ONERA.

La Organización internacional de aviación civil (OACI), basada en Montreal, ha censado no menos de 300 proyectos en el mundo para producir biomasa duradera, sin afectar cultivos o bosques, como lo hicieron los primeros biocarburantes, extraídos de la caña de azúcar o del girasol.

Desde Brasil a Australia, de Rumanía a Catar, o de España a México, los investigadores han emprendido la producción de biomasa a partir de plantas que crecen en suelos ingratos, como la camelina o el eucalipto, o de algas, la fuente que parece más prometedora.,

Pero, para atraer a los inversionistas, hay que garantizar la demanda.

En Estados Unidos, la US Air Force, que consume tanto como una gran compañía aérea, indicó a los industriales el pasado verano boreal estar dispuesta a volar con bioqueroseno. Para ello, ha realizado pruebas en la casi totalidad de sus modelos de avión.

En Europa, la Comisión Europea y la industria se han fijado como objetivo producir dos millones de toneladas de bioqueroseno hacia 2020, es decir de 3% a 3,5% del consumo total anual.

Ello demuestra que el sector aeronáutico ha entrado en la carrera con los transportes terrestres y marítimos, también ávidos de hallar carburantes alternativos al petróleo.

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