Carlos López enero 3, 2012

Un adulto y un niño que seguían el rally Dakar 2012 desde una avioneta particular murieron cuando la nave se precipitó a tierra.

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Como lo hacía todos los fines de semana, Luis Marcelo Soldavini se preparó para volar. Cumplió con las maniobras rutinarias de alistamiento de su avión ultraliviano, subió a su hijo Tomás, de 11 años, a la pequeña cabina y juntos se lanzaron a una travesía que imaginaban diferente a todas las anteriores. La adrenalina habitual que genera el dominio de los aires tenía esta vez un atractivo especial, único: observar en altura el paso de las motos, autos, camiones y cuatriciclos del Rally Dakar por las rutas de su región. Pero algo falló y el paseo que padre e hijo habían preparado con anticipación y ganas, terminó en tragedia. Cerca del mediodía del domingo, la nave cayó a tierra y ambos fallecieron en el acto.

El paso de la caravana motora por la ciudad de Tres Arroyos, donde los Soldavini vivían, estaba previsto para las diez de la mañana. Alrededor de esa hora, Luis –un productor agropecuario– partió de un campo de la zona en una avioneta experimental, que ninguna fuente judicial pudo precisar ayer si estaba habilitada. La nave sobrevoló la ruta provincial 228 por donde avanzaban los vehículos del rally que habían partido más temprano desde Mar del Plata.

La primera mañana de 2012 se presentaba en esa zona del sudoeste de Buenos Aires con una alta temperatura y un fuerte viento del Norte. Esas condiciones climáticas habrían obligado a Soldavini, de 37 años, a realizar un aterrizaje no previsto en Orense, a unos 80 kilómetros al sudeste de Tres Arroyos, para reaprovisionarse de combustible. Así lo hizo, pero al intentar tomar vuelo nuevamente desde la pista del campo de un fumigador, no lo logró y la nave se precipitó a tierra. “Cuando llegamos al lugar, ya un médico de la zona había constatado el fallecimiento de ambos ocupantes” dijo a Clarín el oficial Walter Heim, del cuerpo de bomberos voluntarios de Orense, que arribó al sitio de la caída minutos después del mediodía del domingo. Agregó que el avión estaba partido en tres, con sus restos esparcidos en el camino interno de un campo, entre un cuadro de maizales y un alambrado, a unos mil metros del pueblo.

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“Algunos testigos observaron la caída y llamaron enseguida a la policía”, precisó. Recién ayer a primera hora de la tarde, peritos de la Administración Nacional de Aviación Civil analizaban en el sitio las posibles causas de la fatal caída. El fiscal Gabriel Lopazo aguardaba ese informe para sumarlo a la causa abierta por el accidente que conmocionó al barrio residencial de Tres Arroyos donde María Elena y Julia, la madre y la hermana de Tomás, no tenían consuelo en la casa de Mitre 340. Los cuerpos de las víctimas fueron retirados del sitio del accidente a las cinco de la tarde del domingo y entregados a sus familiares por la noche en Tres Arroyos. Ayer a la mañana se realizó el sepelio y, tras un responso religioso, fueron enterrados en un cementerio privado ubicado sobre la ruta nacional 3. Allegados a la familia aseguraron que Luis, un productor reconocido y muy querido en la zona que administraba un campo en Tres Arroyos, “tenía licencia para volar y era un piloto profesional que sabía lo que hacía”.

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