Carlos López junio 9, 2012

El primer satélite meteorológico fue el TIROS-1 (televisión Infrared Observation satélite), enviado al espacio en la madrigada del 1 de abril de 1960 por los americanos, desde su base de Cabo Cañaveral. Pesaba 122 kg y llevaba 2 minúsculas cámaras de televisión del tamaño de un vaso de agua, para obtener fotos fijas de la capa nubosa de la atmosfera.

Los satélites meteorológicos pueden ser de Órbita polar o de Órbita geoestacionaria. Situados a una enorme altura, nunca el hombre a lo largo de la historia había dispuesto de tales recursos. Además de ser observadores permanentes de la atmosfera, la tierra y el mar, constituyen los centros de recogida de todas las observaciones del mundo para enviarlas después a los centros terrestres de procesamiento y difusión.

Los satélites polares, entre los que estaba el TIROS-1 y los que les sucedieron de la serie NIMBUS, están situados relativamente próximos a la tierra, pues su altitud no sobrepasa los 800 km y dan vueltas alrededor de nuestro planeta sincronizados con el Sol. Esta posición les permite obtener datos locales de alta precisión, particularmente en el caso que mas nos interesa, el de las condiciones meteorológicas para el despegue y aterrizaje en cualquier aeropuerto, pues disponen de instrumentos cada vez mas perfeccionados y de equipos de transmisión automatizada de imágenes, mientras giran alrededor del globo, vigilando permanentemente su superficie.

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En los últimos 30 años, numerosos satélites de órbita polar de vida mas o menos larga se han lanzado por EE.UU., La antigua URSS y la actual federación Rusa, habiéndose incorporado recientemente otros países, como Francia, Gran Bretaña, Japón, China, India y la Agencia Europea para Satélites Meteorológicos, la prestigiosa EUMET-SAT dentro de la cual España tiene una alta participación.

El Sistema Polar de Eumet -Sat (EPS) tiene a su cargo satélite polares que cruzan el Ecuador a las 9:30 hora local, dotados de una alta tecnología para registrar la capa nubosa y medir la temperatura, humedad, viento, ozono, sustancias contaminantes y flojo de partículas solares. Identifica cualquier temporal, huracanes tropicales, tornados, crecimientos de la vegetación, escorrentía, inundaciones, incendios forestales, superficies de hielo, cenizas volcánicas y, en especial, cualquier fenómeno significativo a baja cota, como puede ser la turbulencia y cizalladura del viento en baja cota.

Los satélites geoestacionarios constituyen los sistemas especiales de la máxima calificación meteorológica. Están situados sobre el Ecuador y giran a la misma velocidad que la tierra. Por consiguiente, son estacionarios respecto a ella, y los cohetes los colocan a unos 36.000 km de altura, es decir, mucho más arriba que los polares. Disponen de un telescopio especial para explorar la atmosfera, cuyas imágenes luminosas, con ayuda de un alta tecnología, se transforman en impulsos eléctricos que a su vez, casi instantáneamente procesados, se transforman en la representación visible que todo el mundo puede contemplar en la pantalla de la televisión.

En 1972, los americanos pusieron en órbita el primer satélite geoestacionario y enseguida hicieron lo mismo los soviéticos y los japoneses. El primer satélite geoestacionario europeo de la serie Meteo-Sat no pudo ser lazado hasta 1977, cinco años después. Este y los que se han fabricado desde entonces están situados en la intersección del Ecuador y el meridiano de Greenwich, a 36.000 km de altura sobre el golfo de Guinea divisando Europa, África y parte de América del Sur. Toda la información disponible en el Meteo- Sat es enviada a un centro internacional de tierra situado en Darmstadt (Alemania), para ser procesada y transmitida desde allí a todos los Servicios Meteorológicos y Agencias interesadas.

A comienzo del sigo XXI hay 8 satélites geoestacionarios en el espacio. Dos operados por EE. UU., el GOES-W situado en 135 ºW y el GOES-E en 75ºW; dos de la Agencia Europa; el METEOSAT-7 en el meridiano de Greenwich y el METEOSAT-5 en 65ºE; el GOMS operado por Rusia en 72 ºE ; el INSAT-1D en 74 ºE y el INSAT-2E , ambos de la India ; el FY-2 de China en 105 ºE y, finalmente, el GMS situado en 140 ºE operado por la Agencia Japonesa.

Los satélites meteorológicos y constituyen elementos básicos para la predicción del tiempo a corto, medio y largo plazo, ejerciendo en síntesis las tres misiones siguientes:

a)    Toma directa de imágenes de la atmosfera y de toda la superficie del globo terráqueo.

 

b)   Recogida de datos meteorológicos, hidrológicos, oceanográfico, geofísicos, biológicos, etc.

 

c)    Transmisión de toda la información a los Centros de proceso de tierra.

 

La puesta en servicio de un satélite supone no sólo un elevado conste económico, sino también una gran colaboración internacional y una tecnología punta cada vez mas refinada. No obstante, los satélites actuales todavía pueden considerarse toscos sistemas muy limitados, si bien no pasara mucho tiempo antes de que puedan proporcionar datos mas precisos de muchos mas parámetros, no solo en relación con la Meteorología, si no en todo lo que cierne a las Ciencias de la Naturaleza y al bienestar humano.

 

 

 

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