Confusión en la adopción de normas de seguridad, inadecuada gestión del espacio aéreo, reglamentos insatisfactorios para la gestión de aeródromos y aeropuertos, pobre experiencia de operadores, insuficientes recursos para capacitación, débil reglamentación y descontrol en la emisión de licencias de pilotos; y falta de un manual de procedimientos en caso de accidentes aéreos fueron los motivos por los que, tras una auditoría, México fue degradado a nivel dos dentro de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).el pasado viernes.

Tras el accidente aéreo donde perdió la vida el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, a petición del gobierno mexicano, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés), realizó una auditoria en el marco de la OACI, que dio como resultado una degradación del nivel uno al dos y que tendrá repercusiones económicas importantes.

Cabe destacar que las auditorias de la OACI no califican a las empresas operadoras, sino a la autoridad responsable del espacio aéreo —en este caso la Dirección General de Aeronáutica Civil, dependiente de la SCT—, incluyendo aeropuertos, proveedores y personal, entre otros. De acuerdo con un documento en poder de Crónica, la situación en México dista mucho de ser sólo un problema administrativo, como lo señaló Humberto Treviño, subsecretario de Comunicaciones y Transportes, y constituye una realidad alarmante.

El reporte revela la falta de claridad en la adopción de normas y métodos de seguridad. Asegura que hay vacíos operacionales en la gestión del espacio aéreo. Y señala que existe un reglamento insatisfactorio para la operación de los aeródromos.

La auditoria desaprueba la estructura organizacional para la gestión del espacio aéreo; es clara al señalar la falta de personal calificado y con experiencia técnica, subraya que casi no existen programas de instrucción y capacitación y agrega que no se tienen los recursos necesarios para la actualización del personal.

Advierte que hay una anarquía en la expedición de licencias y certificaciones para piloto aviador, en buena medida porque el reglamento respectivo no pone en claro la responsabilidad de la autoridad y su capacidad para expedir las licencias.

Otro de los puntos delicados, señalados por la auditoría es que cuando ocurre un accidente, el país no cuenta con un manual de procedimientos para hacer la investigación correspondiente.

La degradación ocasionará que las aerolíneas mexicanas no puedan realizar vuelos con código compartido, adquirir más aviones, ni crear nuevas rutas hacia Estados Unidos.

Lo señalado en la auditoría dista mucho de las declaraciones del subsecretario Treviño Landois, quien señaló que “la disminución de categoría no tenía ninguna relación con estándares de seguridad, sino que se refería exclusivamente a aspectos administrativos y organizacionales en la DGAC”.

“El motivo por el cual se dio la disminución de la clasificación, fue porque la DGAC —encabezada por Héctor González Weeks—, no cuenta con el suficiente personal para realizar labores de supervisión en las aerolíneas que operan en nuestro país (y que vuelan hacia Estados Unidos)”, señaló la SCT.

Sin embargo, según el reporte de la FAA, la realidad de la administración y gestión del espacio aéreo mexicano es mucho más complicada.

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