Un piloto escocés podría ser el primer capitán que lleve  turistas al espacio. David Mackay es el jefe de pilotos de Virgin Galactic, que espera iniciar vuelos comerciales más allá de la atmósfera en los próximos dos años.

David Mackay pilot

Cuando contaba siete, y embrujado por los aviones  rápidos  como los jets que practicaban a baja altura cerca de su casa, notó que casi todos los astronautas habían sido primero pilotos de prueba militares.

Así que el camino le quedó trazado. Primero se certificó como piloto de pruebas, luego se inscribió para estudiar Ingeniería Aeronáutica en la Universidad de Glasgow y a continuación se enlistó en la Fuerza Aérea.

Después de servir 16 años, y ya cercano a los 40 de edad, su oportunidad de viajar al espacio todavía parecía muy pequeña. Después de todo, el Reino Unido no tenía un programa espacial tripulado.

Pero por toda puerta cerrada, alguna ventana está abierta. “Un día estaba conduciendo cerca del aeropuerto de Heathrow (en Londres), y había un modelo del transbordador espacial en los colores de Virgin Atlantic, y decía algo típico de esa compañía como ‘Hoy el Atlántico, mañana la Luna’”, recuerda.

Ahora Mackay es el jefe de pilotos de Virgin Galactic y si completa con éxito las pruebas del desierto del Mojave, en Estados Unidos, podría convertirse en el primer piloto de pruebas en pasear a turistas por el espacio.

MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO

Virgin anunció en un show aéreo en julio pasado que 529 personas habían pagado el depósito para viajar al espacio.

Estas personas abonarán un total de US$200.000 por un asiento en la nave SpaceShipTwo.

Mackay lo compara con el primer vuelo en solitario sobre el Atlántico, efectuado por el piloto estadounidense Charles Lindbergh, en 1927.

“Aquella fue una demostración de lo que era posible”, dice.

“Poco después, otras personas desarrollaron la idea y ahora cualquiera puede surcar los cielos sobre el océano. Esto podría parecérsele”, añade.

El piloto no tiene duda de que esos pocos privilegiados en volar al espacio gozarán de una experiencia “increíble”, y explica que antes de embarcarse completarán un curso de preparación de tres días.

La nave se elevará unos 14 kilómetros sobre el suelo unida a una “nodriza” que suministrará presión, aire acondicionado y energía eléctrica hasta que alcance la altura de lanzamiento. El recorrido durará una hora, y entonces comenzará la cuenta regresiva.

Cuando se produzca la separación, los pasajeros sentirán mariposas en el estómago, hasta que el motor arranque.

La fuerza de aceleración del cohete es de unos 3.5G y durará cerca de un minuto. “(Los pasajeros) verán el cielo cambiar de azul a azul oscuro, y de azul oscuro a negro”, dice el piloto.

DE OREJA A OREJA

Cuando el motor se apague, la nave pasará de una poderosa propulsión a la ingravidez. Los pasajeros podrán desabrocharse el cinturón y flotar.

“Todas las personas a quienes he visto hacerlo terminan con una enorme sonrisa de oreja a oreja”, señala Mackay.

Cuando el motor se encienda otra vez, la nave seguirá elevándose en el espacio, donde los pasajeros podrán ver la curvatura de la Tierra y la línea delgada de la atmósfera por encima de ella.

Una vez que alcance su apogeo, a unos 110 kilómetros de altura, comenzará el descenso.

La fuerza de aceleración de entrada es aún más grande que la de salida, pero los asientos estarán reclinados para ayudar a los viajeros a resistir magnitudes de hasta 5G.

De vuelta en la atmósfera, hará maniobras de planeador para el aterrizaje.

Suena como un viaje impresionante. ¿Pero es seguro?

“No voy a pretender que volar al espacio sea tan seguro como subirse a un 747 con cuatro motores para un vuelo trasatlántico”, dice Mackay.

RIESGO CALCULADO

Sin embargo, asegura que un piloto de pruebas tiene que tomar todas las medidas para asegurarse de que cada riesgo es comprendido y reducido al mínimo posible.

El especialista acentúa el hecho de que la nave es también un planeador, lo que significa que tiene oportunidad de efectuar un aterrizaje exitoso si fallan los mecanismos del cohete.

Según Mackay, la nave nodriza ha volado más de 100 veces, el planeador lo ha hecho 22 veces y el motor ha sido puesto en funcionamiento otras 30, todo sin inconvenientes.

El siguiente paso es apuntar al espacio.

“Deberíamos hacer nuestro primer vuelo a principios de 2013, aumentando gradualmente la altura hasta que nos encontremos en el espacio”, afirma.

Mackay dice que ha sido un camino largo, pero que sus ambiciones de niño podrían verse realizadas.

“Yo diría: si tienes ambiciones, no te pongas a esperar. Sal y aprende todo lo que puedas, obtén las calificaciones que requieras para que puedas aprovechar esas raras oportunidades que se presentan, cuando se presentan”, sentencia.

Fuente: BBCMundo.com

 

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