Lo conocí en 1972, en la oficina de la División de Seguridad Aérea de la Dirección de Aeronáutica Civil del Ministerio de Comunicaciones, ubicada en la esquina de Mijares, centro de Caracas.

 

En ese momento, Julio conversaba con el Sr. Alfredo Díaz López, Jefe de la División; irradiaba algo especial: era un ser fuera de serie o un ser especial, parecía no ser de este planeta. Me llamó la atención y el Sr. Díaz López me lo presentó: Se trataba nada más y nada menos que de Julio Lescarboura Solá.

 

Lo conocía por referencias de la prensa, artículos de los periódicos en especial; además, por varios bomberos aeronáuticos de La Carlota, pues sería muy difícil dejar de reconocer los méritos de este personaje que brillaba con luz propia, quien para esos años tenía una trayectoria reconocida en materia de búsquedas por tierra, mar y aire, de excursionismo y de rescates, entre ellos en el Cerro El Ávila.

 

Una hora después, el personaje bajó a la oficina del Departamento de Inspección de Seguridad Aérea, a cargo de mi gran maestro: el Ingeniero y Dr. José Antonio Salas Parra, otro ser especial. Allí me pareció ver a dos seres luminosos, quienes intercambiaban opiniones y recordaban algunos casos de accidentes de aviación ocurridos en Venezuela, y en otros países también.

 

Me limité a observarlos y a escuchar sus vivencias, opiniones y lo más importante: soluciones para resolver los problemas en materia de búsqueda y salvamento, seguridad aérea e investigación de accidentes de aviación.

 

Días después, vi a Julio Lescarboura en un aula, cuando impartía un entrenamiento (más bien una conferencia magistral) sobre búsqueda y rescate a los alumnos pilotos de  la Escuela “Miguel Rodríguez” de La Carlota, en el hangar del Centro de Instrucción de Aeronáutica Civil “CIAC”.

 

Su mensaje estaba dirigido a orientar a los pilotos, quienes podrían verse involucrados en operaciones de búsqueda de aeronaves, de localización de indicios, por ejemplo, rastros dejados por la aeronave en la vegetación, que en una zona de alta probabilidad de hallazgo, sin descartar las otras restantes, permitirían localizar el objetivo, tomando en cuenta la búsqueda a primera hora de la mañana y en el resto del día, aprovechando para ello la penetración de los rayos solares en la vegetación, entre otras condiciones de la topografía, sin dejar a un lado los riesgos y peligros del vuelo a baja altura durante la búsqueda.

 

Julio trató además aspectos importantes y recomendaciones de supervivencia en mar y tierra, ya que los alumnos pilotos de hoy y pilotos del mañana, podrían verse involucrados en un accidente de aviación. De allí la importancia de aplicar los conocimientos en materia de supervivencia para mantenerse con vida.

 

El resto es historia resumida de algunas vivencias que me he permitido escribir sobre Julio; pienso que más bien, sus compañeros más cercanos del “VICTOR”, han vivido esos momentos y serían ellos quienes tendrían que escribir los episodios que compartieron con él a lo largo de la historia de Julio Lescarboura.

 

Hoy recordábamos, en la sede del GRUPO DE RESCATE VENEZUELA, cuando Julio buscaba con gran premura una cuerda de rappel y una escalera de electrón de varios cientos de metros para rescatar a Charles Brewer Carías y a su grupo de expedición en Sari Sariñama, ante un imprevisto que se les había presentado.

 

También hicimos memoria de aquel vuelo nocturno, realizado en el UH-1D 0897 de la Fuerza Aérea Venezolana con los Tenientes Gaspar Yánez Méndez, Fernández López y su Jefe de Máquina, Charles Brewer, Max Ravard, Julio Lescarboura y otros, en la localización, el 12 y 13 de diciembre de 1968, 14 millas al norte de Maiquetía, de los restos del avión Boeing 707 N494PA que cayó al mar con 61 personas, procedente de New York.

 

Hoy, todos, sin excepción, desde Antonio Noguera y sus anfitriones, hasta los alumnos de la próxima promoción del GRUPO DE RESCATE VENEZUELA: La Nueva Generación: me hicieron sentir un miembro del GRUPO DE RESCATE VENEZUELA, al compartir en la misma mesa con los fundadores, con Carmencita, esposa eterna de Julio y con Karina, su hija; recordé a Natacha y a Julio Junior.

 

Compartí con el apreciado Señor Alfredo Díaz López, Jefe del Investigador José Antonio Salas Parra: mi gran maestro, y con su esposa Amanda Cabello de Díaz, con Mario Vivaldi, piloto y amigo eterno, con Gustavo Chacón, Luis Martínez, Ernesto Estévez “STEVE”, como lo llamo con mucho aprecio, quien me tendió la mano en el Hughes 500 YV-305CP, cuando me quedé de pié en el skid, al momento en que el helicóptero: el 349CP, cayó en el cementerio de La Guairita, durante el homenaje póstumo a nuestro incondicional amigo Marco Straziota, la tarde del domingo 28 de febrero de 1982.

 

Conversé además con Fidel Reverón y así también con muchos otros miembros del “Golfo Romeo Víctor”, a quienes sería imposible nombrar en su totalidad, pero los llevo en mi corazón porque en muchas misiones, el “VÍCTOR” ha estado presente con el justo peso o ponderación que la historia le ha de corresponder.

 

Cuando digo el “VÍCTOR”, considérense todos incluidos en este homenaje y reencuentro con Julio Lescarboura Solá, sus familiares y amigos, reciban de mi persona el aprecio, respeto, amistad, cariño y consideración en reconocimiento a todo lo que Julio Lescarboura Solá hizo en vida, y que este ejemplo, sin duda, ha dejado semillas sembradas en la juventud de nuestro país, y fuera de él, como en el terremoto de México y en otros países de Centroamérica, por mencionar solo algunos casos, semillas que están germinando y otras ya están en progreso, manifestándose en esencia cuando la historia y sus momentos, así lo permitan.

 

 

No podría escribir menos líneas, en tributo a Julio Lescarboura Solá, quien ha protagonizado con mucha humildad muchas páginas y episodios de la historia de las búsquedas y rescates en Venezuela y en otros países, como un ser extraordinario, quien dio además todo cuanto tenía como ser humano de grandes virtudes, de conocimientos que compartió con muchos, y quien aportó además sus pocos recursos materiales con los cuales disponía al servicio incondicional del prójimo. Por todo lo anterior Julio, siempre te recordaremos..!

 

 

 

 

Cap. (BA) Harry S. Ramírez Suárez

Caracas, 28 de octubre de 2009   

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2 Comentarios

  1. #
    Karina Lescarboura A.
    enero 26th, 2010 at 2:13 pm

    QUERIDO HARRY,

    GRACIAS POR TUS BELLAS PALABRAS Y EL APRECIO QUE LE TIENES A PAPÁ. DIOS TE BENDIGA Y TE ILUMINE SIEMPRE. EL SIGUE CON NOSOTROS. UN ANGEL COMO EL NUNCA NOS ABANDONARIA.

    SIEMPRE LOS ACOMPANARA A USTEDES, SUS HERMANOS RESCATISTAS QUE VIVEN “PARA QUE OTROS VIVAN”

    UN FUERTE ABRAZO, USTEDES SIEMPRE ESTARAN EN NUESTROS CORAZONES.

    KARINA LESCARBOURA ABREU

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  2. #
    Nathacha Lescarboura
    junio 9th, 2011 at 2:40 pm

    Querido Harry, es emocionante leer tus palabras, que expresan un sentir muy profundo, en homeneje a Papá, gracias por compartir esas hermosas anécdotas… hay tantas que no cabrían aquí verdad? En cada una de ellas nos dejó un rayito de luz, una huella a seguir, una esperanza a fomentar y una verdad indeleble, que por encima de todo, lo más importante es el Ser Humano, la Naturaleza, la Vida. Gracias a ti y a todos aquellos que recuerdan a Papá y le rinden homenaje, con sus palabras y gestos, así como también a través de sus acciones, conocimientos, sabiduría, esfuerzo, altruismo y actitud de servicio, para que otros vivan!!!. Él, sin duda, los sigue guiando en cada misión y en cada vuelo!!! Un cálido abrazo

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