Mexicana de Aviación, fundada en 1921, se enfrentó a problemas estructurales desde su inicio; a más de 100 años del primer vuelo en México, el país se enfrenta a un nuevo reto en aviación.

Cuando en 1995 Fernando Sánchez Ugarte, a la sazón presidente de la flamante Comisión Federal de Competencia (CFC), decidió iniciar una cruzada para introducir los lineamientos anti-trust en la aviación mexicana, no imaginó las consecuencias de su empeño.

Más que un detonador de competencia sana y crecimiento de las aerolíneas, la CFC sembró el germen de la esquizofrenia en una industria que desde su origen estuvo regida por el Estado y ahora se vería sometida a la libre competencia.

Desde el principio ha estado a debate la fecha real de nacimiento de este sector. La mayoría toma como inicio el 30 de noviembre de 1910, cuando Francisco I. Madero, presidente electo de México, se convirtió en el primer jefe de Estado en el mundo en ser transportado en un avión.

Para otros, como el historiador mexicano José Villela, el primer vuelo ocurrió en 1908 en los llanos de Pachuca, donde el ingeniero aeronáutico mexicano Juan Guillermo Villasana probó uno de sus primeros modelos.

México también vio nacer una de las aerolíneas más antiguas de América Latina y una de las primeras del mundo: la Compañía Mexicana de Aviación, que inició en 1921 como Compañía Mexicana de Transportación Aérea y más tarde haría los primeros vuelos regulares México-Tampico en los para entonces modernos aviones Lincoln Standard.

Posteriormente, Mexicana se convertiría en la aerolínea más importante del país y la gran constructora de aeropuertos al amparo de la Pan American Airways. Con su mexicanización en los años 60, inicia un periodo interesante de expansión hacia Estados Unidos.

Su ‘hermana’ Aeroméxico, creada en 1934 como Aeronaves de México, fue ideada por Antonio Díaz Lombardo en un pequeño restaurante cercano a los llanos de Balbuena, el antiguo aeropuerto.

Más tarde, Aeroméxico se iría nutriendo de una multitud deempresas que le darían un carácter diversificado, pues lo mismo hacía vuelos a aeródromos locales en pequeños aviones Twin Otter, que cubría vuelos a Europa.

Durante décadas y al amparo de aquel Estado rector del transporte aéreo, la aviación mexicana creó instituciones de mucha fortaleza a nivel latinoamericano, como el Centro Internacional de Adiestramiento de Aviación Civil (CIAAC), con auspicio de la Unidad de Medicina de Aviación.

Sin embargo, el cambio de modelo económico tomó por sorpresa al sector aéreo.

Sin políticas de Estado claras, poco a poco se ha ido complicando el panorama para la aviación mexicana, que hoy enfrenta varios retos: una debilidad estructural que tiene al borde de la quiebra a sus dos aerolíneas insignia; un desmantelamiento de sus instituciones; la pérdida de participación de sus líneas aéreas nacionales en el tráfico regional; y una reciente sanción impuesta por la autoridad aeronáutica de EU, lo que restringe a las compañías nacionales para establecer nuevas rutas hacia nuestro vecino y socio más poderoso.

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