UN AÑO MÁS estamos ante unas fechas muy problemáticas para la “aviación”, entendiendo por ello, no me sean mal pensados, lo mismo que entendía un personaje retratado hace un siglo por el escritor gallego ‘Picadillo’ para el que la “aviación” era la población plumífera del corral.

Ciertamente, las aves de corral han formado parte de las mejores celebraciones del género humano a lo largo de la historia.

Puede ser que en la tradición actual influya mucho la anglosajona, que ha coronado al pavo como rey indiscutible de la mesa navideña; al fin y al cabo, el pavo común es de origen norteamericano; lo comieron los peregrinos del “Mayflower” y lo siguen haciendo los estadounidenses el día de Acción de Gracias y, por supuesto, en Navidad.

Los ingleses, en cambio, se mantuvieron fieles durante mucho tiempo a sus viejas costumbres, también las gastronómicas, y el ganso u oca común fue el ave preferida para estas celebraciones.

Bien, pavos y gansos son, más bien, cosa de anglosajones, aunque fueran españoles quienes importaron el pavo del Nuevo Mundo a principios del siglo XVI.

Gansos ya había entonces -y desde siempre, que les pregunten si no a los romanos- en toda Europa. Por cierto que está en marcha una iniciativa interesante para dar a conocer el ganso ibérico; en España apenas se ha comido ganso, y sólo tenemos alguna receta catalana para su preparación.

Entre nosotros, y dejando aparte algún exotismo del tipo del faisán o la pintada, es la gallina y su familia la que tradicionalmente triunfa en Navidad.

Un capón es un ave capaz de competir, y aún superar, en tamaño a un pavo y a una oca. Yo, personalmente, lo prefiero. De los tres, el menos interesante me parece el pavo: lo encuentro demasiado seco, demasiado plano; a lo mejor por eso hoy se hace hincapié, para publicitarlo, en lo sana que es su carne, sin grasa -ahí está el problema gastronómico- y sin colesterol, en vez de en aspectos como su sabor o suculencia.

Aves europeas, como el ganso; asiáticas, como la gallina y su familia, aunque el capón sea “invento” romano; americanas, como el pavo; africanas, como la pintada; un poco de aquí y un poco de allá, como el faisán, chino y georgiano. Sí: la Navidad pide plumas.

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